Bio


Mi nombre es Natalia Rada.

La primera vez que escuché siendo niña la palabra Yoga me encantó y me llamó la atención sin saber qué era. Fue en EEUU donde lo descubrí.

Desde la primera clase de yoga que tomé con Perter Barber, me fascinó y supe que había encontrado mi pasión.

Asistía regularmente a dos clases semanales hasta que mi buena amiga Gia me habló de un estudio de yoga en Miami Beach donde se practicaba ashtanga, el director era Wayne Krassner.

Al llegar allí, cual fue mi sorpresa cuando al entrar me encontré a personas practicando yoga a su ritmo, la clase era mysore. Tímidamente desenrollé mi esterilla e iba haciendo posturas que veía en los demás. Me impresionó el silencio y el sonido de la respiración. Desde ese momento empecé el descubrimiento de la práctica del yoga a nivel íntimo y personal.

A partir de ahí fue todo un progreso.

Me interesé por hábitos saludables y poco a poco fui adquiriendo la disciplina con esfuerzo y pasión.

Los cambios más notables fueron principalmente a nivel físico. Inmediatamente pude observar cómo ganaba fuerza, equilibrio, flexibilidad. A nivel sensorial el cambio fue todavía más notable, mis sentidos se agudizaron, podía oler, oir, ver y en general sentir más.

Emocionalmente también hubo una evolución, parecía que después de cada sesión de yoga se fuesen desbloqueando emociones que no habían terminado de expresarse. Fue una experiencia maravillosa.

Hoy por hoy es mi forma de vida.

La práctica constante contribuye a sentirte mejor en tu cuerpo, aumenta notablemente la autoestima y te hace más consciente de la conexión con todos los seres vivos.

Llevo 17 años practicando yoga y 13 años enseñando. Cada día aprendo.